Comercial de puerta fría

189131-doorknockPor Rafael Morella – www.bolsapubli.net A veces nos olvidamos de ser amables, yo el primero, con los comerciales de puerta fría.

Sirva estas líneas para reconocer el trabajo de estos profesionales que como los descubridores se lanzan a la calle sin saber que van a encontrar.

Para ser un comercial de puerta fría uno ha de tener descaro y ganas de patear la calle. Su mejor herramienta es la sonrisa, frecuentemente mejor que algunos de los productos con los que tienen que lidiar.

Muchos de los que estáis leyendo habéis hecho en algún momento de vuestra carrera profesional la puerta fría.

La puerta fría es un término que acuña aquel grupo de comerciales a los cuales se les encomienda una zona, una parte de una población y que no tienen cita ni visita concertada, su labor abrir las puertas de las casas o de las empresas e introducirse para sin saber lo que se van a encontrar poder llegar a el que decide la compra. Sea un ama de casa o un gerente o jefe de compras y poder ofrecerle el producto que tiene.

Sin saber si es el momento adecuado, si realmente puede o quiere hacer la adquisición o si lo tiene ya cubierto.

En un porcentaje alto, ni les abren la puerta o se la cierran en las narices. Es entonces cuando uno debe reconocerse y tener la fuerza psicológica para que esto no le afecte en su trabajo.

Reponerse rápido en el ánimo  y seguir con la siguiente visita es lo mejor.

A veces nuestro interlocutor no solo nos cierra la puerta he visto casos de soltar alguna grosería. En esos caso es mejor no ponerse al nivel del otro pero tampoco agachar la cabeza. Un comercial de puerta fría debe saber que su trabajo es igual o más digno que tanto otros, no hay que ser altaneros, pero si decir con tu mirada que su insulto te resbala y seguir caminado.

Recuerdo una anécdota, en una visita, después de explicar a que me dedicaba y lo que hacia, la persona que me atendió, sentada detrás del mostrador, leyó la tarjeta me miro y dijo no me interesa rompiendo en mil pedazos la tarjeta.  Me quedé atónito porqué en más de una ocasión me la devolvían explicando que estaban satisfechos con su proveedor o que no necesitaban en ese momento que volviera más adelante pero romperla delante de mí , me dejo tocado.

No supe que decir pues me pareció tan grave su falta de tacto así que no dije nada, me di la vuelta y le desee buenas tardes.

A pesar del incidente que me dejó toda la tarde tocado seguí visitando y la siguiente visita, me atendieron genial y cerré una venta interesante.

Cuando llegué a casa seguía visualizando el momento de romper la tarjeta y pensando si fui yo quien en algún momento di pié a semejante falta de tacto.

Repasé el momento y no encontré nada extraordinario así que cuando pasaba por ese barrio, echaba un vistazo a la tienda pero no me atrevía entrar. Yo observaba que nunca tenía gente y al poco más del año de pasar ya ponía un letrero de liquidación, cierre y traspaso.

Y es que el karma es sabio.

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